Reflexión sobre "Emilio o la educación" de Juan Jacobo Rousseau
En definitivo el
tema de la educación no solo se trata de técnicas o herramientas, de
entrenamientos o formación profesional, de materiales o estrategias didácticas,
y queda mucho más lejos de lo que realmente se considera, y es que la educación
se ha referenciado al acto de enseñar y prácticamente relevado a un tipo de
adiestramiento. Es decir, la educación ha perdido su sentido al describir que se
remite únicamente al acto de asistir a un centro académico, y que esta se da
solo con la relación de un profesor y un estudiante, cuando realmente eso no es
del todo cierto, puesto que la primera educación se recibe en el hogar, y que
por instinto humano la persona suele aprender en todo su contexto realizando o
ejecutando acciones, muchas por inercia y otras por exploración. Lo anterior
describe que la educación no solo se trata de seguir instrucciones, o cumplir
con un currículum, sino que la persona aprehende por naturaleza, y que es
necesario que se instaure un proceso de aprendizaje inicial para la
supervivencia desde el hogar, especialmente tarea de los padres.
Se vuelve cada vez
más necesario y relevante un proceso de formación integral en la persona, pero en
perspectiva de poder preparar a la persona desde edades tempranas, entendidas
en las primeras semanas de vida, a que llegue a observación de procesos,
entendimiento y realización de acciones que le llevarán a la supervivencia, a caracterización
de su personalidad, al desarrollo de habilidades psicomotrices y cognitivas
específicas que le convertirán en una persona capaz de orientar a sus
necesidades y acciones correctas para solventarlas, a dignificar su acción y posición
como actor social, a la prevalencia en grupos sociales que ratifiquen bajo la
moral de ese grupo un actuar correcto, y sobre todo en el logro de metas y
cumplimiento de expectativas personales; sin embargo esto no será fácil cuando
se crece en ambientes que no son necesariamente idóneos para hacerle creer al
niño desde pequeño que debe observar, pensar/comprender, interiorizar, realizar
y controlar acciones sobre sus decisiones, sabiendo que será capaz de
identificar si lo que hace le lleva a poner en riesgo o comprometer su vida, de
forma competente, en diversos contextos.
Sin embargo,
teóricamente este es un tema muy delicado, puesto que se la demanda que se da
en la sociedad de las personas que son padres, ya que el trabajo, el estudio
profesional o el desarrollo como profesional envuelven en un ambiente poco
difícil de escapar a todas las personas y es donde se llega a recurrir al
servicio de cuido, daycare, o
escuelas o academias con servicio de cuido fuera de horario de clases. El dilema
con estos centros no es su calidad, porque inclusive pueden resultar muchísimo mejor
para un niño que un cuido en casa, pero la persona crecerá bajo principios y
cuidados que no son necesariamente los dictados por su padre, y claramente al
niño se le entrena en un ambiente humanista, conductista o integral; pero no
significa que esto sea educación, todo lo contrario, se torna en un ambiente de
enseñanza, el cual sigue un proceso específico para que el niño siga procesos y
logre objetivos y competencias, pero esto no significa educación, ya que no
necesariamente está inspirada en acciones para y de la vida, aparte de que el
acto de educación, a diferencia de la enseñanza, no es ejecutada por
profesionales, sino por padres, y cuando se sustituye a esta figura, en edades
adolescentes o adultas, el padre o madre puede inclusive perder su
representación o autoridad a causa de que faltaron en ese proceso educativo.
No se trata solo de
poder brindar una enseñanza de calidad, de eso se encargan los centros
educativos. La educación refiere a muchísimo más que la calificación, el
aprendizaje, las habilidades, las competencias, técnicas o herramientas
obtenidas y aprendidas; se trata de un condicionamiento en el seno familiar, aunque
no existan ambas figuras paternas. Es decir, la educación debe desarrollarse en
un ambiente donde el niño puede aprehender de las habilidades, experiencias y
cualidades de sus progenitores, de forma que se logre estimular su desarrollo
cognitivo fomentando y fortaleciendo sus habilidades para la vida, para su
desarrollo como persona, con principios básicos de respeto, tolerancia,
integridad, dignidad que son valores que sin duda un centro educativo, por más
de calidad y prestigio que sea no enseñará a los niños. Es por esta razón que
el tema educativo no necesariamente debe relacionarse con el de enseñanza,
porque muy diferente es enseñar para enfrentar retos ante la sociedad, y otra
es educar para ser parte de la sociedad, que realmente es lo que se necesita.
Para concluir, no
basta con replantear la necesidad que se vive en la educación para reformular o
replantear aspectos de valores en los planes curriculares o académicos de los
centros de cuido, las escuelas o colegios; sino que es necesario que se haga un
planteamiento sobre lo que la sociedad demanda en la actualidad y que no es
visto, puesto que quienes viven su experiencia de padres aun no ven la
necesidad de intervenir directamente, a diario y con la atención que se merecen
sus hijos, puesto que desconocen el panorama que enfrentarán. Es decir, un
padre que actualmente le da toda clase de comodidades y le hace todo a su hijo,
no lo está educando, lo está malcriando, ya que este niño crecerá en un
ambiente acostumbrado a tener todo y a que le hagan todo, y no siempre será
así. Es de esta forma que se retoma la necesidad de enseñar para la vida, y no
necesariamente de educar, ya que son actos que son, necesariamente relacionados
pero que ninguna debe superponer a la otra, sino que deben ser un complemento,
y que al momento en que el niño se convierta en adulto, esa educación y
enseñanza aprehendida la convertirá en acciones que favorezcan a la sociedad y
será capaz de transmitirlas a nuevas generaciones.
Referencias:
Rousseau, J. (2000). Emile: or, concerning Education (Viñas,
R; trad.). D.C. Heath & Co. Publishers (Obra original publicada en:1883).
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